martes, 15 de marzo de 2011

Nunca está de más...

Capitulo 7, Rayuela:

Toco tu boca, con un dedo toco el borde de tu boca, voy dibujándola como si saliera de mi mano, como si por primera vez tu boca se entreabriera, y me basta cerrar los ojos para deshacerlo todo y recomenzar, hago nacer cada vez la boca que deseo, la boca que mi mano elige y te dibuja en la cara, una boca elegida entre todas, con soberana libertad elegida por mí para dibujarla con mi mano por tu cara, y que por un azar que no busco comprender coincide exactamente con tu boca que sonríe por debajo de la que mi mano te dibuja.

Me miras, de cerca me miras, cada vez más de cerca y entonces jugamos al cíclope, nos miramos cada vez más de cerca y nuestros ojos se agrandan, se acercan entre sí, se superponen y los cíclopes se miran, respirando confundidos, las bocas se encuentran y luchan tibiamente, mordiéndose con los labios, apoyando apenas la lengua en los dientes, jugando en sus recintos donde un aire pesado va y viene con un perfume viejo y un silencio. Entonces mis manos buscan hundirse en tu pelo, acariciar lentamente la profundidad de tu pelo mientras nos besamos como si tuviéramos la boca llena de flores o de peces, de movimientos vivos, de fragancia oscura. Y si nos mordemos el dolor es dulce, y si nos ahogamos en un breve y terrible absorber simultáneo del aliento, esa instantánea muerte es bella. Y hay una sola saliva y un solo sabor a fruta madura, y yo te siento temblar contra mí como una luna en el agua.

lunes, 14 de marzo de 2011

Pequeños

Muchas veces a medida que va pasando el tiempo "nos vamos haciendo grandes". Nos enseñan a controlar nuestras emociones, a no llorar, a ser exitosos, tener cada vez más responsabilidades... en fin... esas cosas que ya todos conocemos. Nuestros mandamientos pasan a ser:

1.- Impossible is nothing,
2.- just do it,
3.- tomá lo bueno,
4.- animarse a más,
5.- sentirse bien es una elección,
6.- sacá el tigre que hay en vos,
7.- el dolor para vos no,
8.- porque ensuciarse hace bien,
9.- me tomo 5 minutos me tomo un té
10.- cualquier dolor en la cabeza se corta con Geniol

Algunos terminan construyendo grandes edificios, haciendo mucho dinero en una financiera, preocupado por el último modelo de una moto costosa, agrandar la casa, irse a vivir a las afueras de la ciudad "a donde se puede vivir tranquilo" - rodeado de guardias y una reja que proximamente van a electrificar - ... la riqueza de pocos y la pobreza de muchos. No nos conformamos.

El otro día jugando con mi sobrino a la granja me di cuenta la paz que me transmite. Esa simplicidad, ese buscar simplemente una sonrisa y pasarla bien. Hacerlo soñar, inventar historias fantásticas y que una bomba de agua (esas rojas que hay en la calle para los bomberos) pueda dar de beber al que quiera. ¿No sería genial?

sábado, 12 de marzo de 2011

Lola

Lola jugaba sola en la vereda de su casa acompañada por los vecinos que, sin prestarle atención, tomaban mate y chusmeaban, jugaban al ajedrez o leian el diario. Ella estaba atenta a como las hormigas caminaban casi por arte de magia siguiendo un camino que había sido predefinido antaño por una mente superior.
Las obersvaba y no entendía por que las personas generalmente tendrían a aplastarlas. Ese pensamiento la perturbaba. Esa noche se fue a dormir y soñó que volaba.

Al día siguiente inventó una maquina del tiempo con su hermano, Jaime. El era mayor que Lola, y cuando jugaban a penales en la vereda, a ella siempre le tocaba atajar. Si bien sufría algunas atajadas, le gustaba tirarse de un lado para el otro tratando de que la pelota no pase.

La maquina del tiempo estaba compuesta de dos cajas de madera que antes habían contenido mandarinas, esas que a su papá tanto le gustaban. Con un pie en cada caja, arrodillado, al viajero en el tiempo se lo cubría con un acolchado viejo y andrajoso, con olor a historias antiguas. Lola era el conejillo de indias. Con sus 8 años a cuestas, ingresó en aquella capsula sin tener la menor idea donde habría de despertar, luego de cerrar los ojos y ser sacudida de lado a lado energicamente por Jaime.
Así fue como ese día, a eso de las 3.17 de la tarde, Lola se encontró en una tierra de gigantes, que existió allí en el pequeño jardin de su casa hace mucho tiempo.
"No tengas miedo, pero tené mucho cuidado porque hay uno de los gigantes que tiene un solo ojo y te pueden sacar uno para poder tener los dos que necesita."
Puf! Lola se largó a llorar al grito de "mamaaaaaaaaaaaa!!! No juego más. Sos malo..."

Salió corriendo, subió las escaleras y dando un portazo, entró en su habitación. Se arrojó a la cama y se quedó dormida.
Jaime se reia.

Más tarde, cuando la tarde se transformaba en noche y Jaime estaba dibujando en la mesa de la cocina, Lola pasó corriendo y salió. Corrió dos cuadras, confundida y enojada. De repente, se frenó. Encontró que en la puerta de la casa de su vecino unos pajaritos clamaban por libertad. Sin pensarlo dos veces, se acercó y los liberó. Salieron volando.